UMBRAL

La cotidianidad a menudo se vuelve aburrida, monótona, una geografía impregnada de lugares comunes, de hechos por los que se transita casi de forma mecánica. La vida cotidiana en su rutina se hastía, alberga el deseo de arder, de deformar el círculo de su estructura y abrirlo. Situarse en medio de dos realidades que son el umbral: permanecer medio fuera, medio dentro. En la desorientación, en lo no-visible, en lo desconocido. Dilatar el espacio-tiempo y transitar por él, hacer que tiemble, agarrar la parte sensible que se extrae de lo mundano y retener su fugacidad.